Perspectiva personal y con muchas posibilidades de discusión.

Hoy quería escribir sobre un tema que toca muy de cerca a mi generación.

Antes de empezar a vomitar mi opinión, la cual puede ser que no le interese a nadie lo más mínimo y sería muy respetable, quería empezar con unos datos que leí recientemente:

Por países, España registró el porcentaje más elevado de desempleo juvenil con 588.000 jóvenes en paro (39,9%). La cifra mejora ligeramente la de diciembre, mes en el que la tasa llegó al 40,7% y se rozaron los 600.000 desempleados, pero continúa por encima del 31,3 % que se calculó en enero de 2020. Así, el país consigue un doble ‘récord’ al situarse también en como país con más población desempleada de los Estados miembro con un 16%.

Exacto, España lidera el paro juvenil entre las economías avanzadas. ¿A qué se debe esto? Sinceramente, no tengo ni idea de los motivos, pero yo voy a explicaros mi caso personal.

Con 18 años hice las maletas y, desde Vinaròs (pueblecito de la Comunidad Valenciana en el que nací y pasé mis años de infancia), me mudé a Barcelona para estudiar una carrera y poder tener un buen futuro. Bien, eso me decía mi abuela “Estudia, tu estudia y ya verás como en 10 años te comerás el mundo”…

¿Qué pasó entonces? Con 18 años no tenía ni la más mínima idea de a qué querría dedicar los siguientes 45 años de mi vida, así que fuí dando saltos. Empezé realizando un año del Grado en Historia (por la UB), pasando por 3 años del Grado en Sociología (por la UB) hasta acabar los cuatro años del Grado de Marketing (por la Universidad de Girona). Pero si, ya no tenía 18 años y en mi currículum ya podía verse feo que una persona con 27 años finalizara sus estudios superiores en aquel momento.

Pero, ¿qué paso durante estos nueve años? Empezaré diciendo que afortunados aquellos que pueden permitirse estudiar sin compaginarlo con trabajos nocturnos, precarios y mal pagados. En mi caso, desde el 2011 hasta el 2015, estuve compaginando los estudios con este tipo de trabajos, durmiendo poco y cobrando menos. Pero amigos míos que me leéis, no era posible estudiar sin compaginarlo con ese estilo de vida, dado a los precios abusivos del nivel de vida en la Ciudad Condal.

Aun así, poco a poco fui creciendo, tanto en años como en madurez emocional, y en 2015 conseguí mis primeras prácticas. Tranquilos, la remuneración era de 250€, no fuese el caso de que pudiera pagar la vivienda con tranquilidad y sin angustiar a mi padre (sí, ha sido un guiño irónico, disculpadme).

Tras años de prácticas y de tener que seguir dependiendo de mi padre económicamente, y todo el esfuerzo que esto suponía para él, conseguí mi primer empleo “serio”. Si, si, poder ver que en el contrato laboral aparecían las palabras de Marketing Junior fue la cosa más gratificante que me había sucedido en muchos años.

Durante el año y tres meses que estuve trabajando en aquella empresa crecí a pasos acelerados aprendiendo de la que, sin lugar a duda, será la mejor responsable que tendré jamás: Alexandra Cid. Alexandra confió en mí durante todo el tiempo, dejándome innovar, crecer y equivocarme, para poder aprender así de mis propios errores.

Dejadme decir “Gracias Alexandra“.

Alexandra fue el tipo de responsable que debería tener todo el mundo: vio mi currículum y, a pesar de la poca experiencia, decidió apostar por mí y por mis ganas de aprender y de darlo todo por aquel proyecto que se abría frente a mí.

Y en ese punto, descubrí el mundo del Diseño UX. Si, el Diseño UX combinaba a la perfección todos los estudios que había ido cursando durante 9 años, desde el estudio de la sociedad y su comportamiento, que pude aprender en Sociología, como la visión de ventas y empresarial, que extraje del mundo del Marketing.

Y, ¿qué hice? ¡Lanzarme de cabeza a por mi nuevo reto académico! Finalicé mi contrato y mi relación laboral con Alexandra, quién solo tuvo palabras de agradecimiento por todo el tiempo que compartimos durante esa trayectoria profesional, y dediqué mi tiempo a formarme en Nuclio Digital School como a UX/UI Designer.

¿Qué pude aprender en el Bootcamp? Podría ser muy técnica y deciros que durante las 16 semanas del curso realicé un proyecto transversal en el cuál traté tanto la parte de investigación, la de prototipado como la de validar el proyecto ante usuarios reales y que todas estas etapas fueron realizadas con sus pertinentes herramientas. Pero también puedo explicaros que durante esas 16 semanas descubrí un nuevo mundo que me parecía apasionante y del que solo podían salir cosas super chulas y plantearme nuevos retos laborales.
Pero, y al finalizar el Bootcamp, ¿qué pasó? Pues pasó lo inevitable, seguí aumentando el paro juvenil en España.

He llamado a la puerta de mil empresas, presentándome y mostrando el pequeño portafolio que pude crear durante el Bootcamp, pero ninguna abrió la puerta ni a una simple entrevista. ¿El motivo? A pesar de mi CV y de mi carta de presentación, en la que intentaba explicar mi situación y dar a conocer mi motivación por seguir aprendiendo de grandes profesionales, todas las empresas siguen viendo lo mismo: No tengo ninguna experiencia laboral como a UX Designer.

Y en este punto me encuentro ahora, me sobran ganas y motivación por aprender, pero Alba Nebot, con DNI 2090… seguirá agrandando la lista del SEPE hasta que alguna empresa decida invertir más en el valor humano de las personas y menos en la monetización a corto plazo.

Y vosotros, ¿qué opináis? ¿Debería una empresa seguir apostando por los profesionales ya formados o deberían dar una oportunidad a los jóvenes que acabamos de salir de la cáscara del huevo?

Junior UX Designer focalizada en el usuario y en no desentonar cantando en la ducha 🎤📝

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